El seguro de vida es uno de los productos financieros más vendidos en España y también uno de los peor entendidos. Mucha gente lo contrata porque el banco se lo exige con la hipoteca. Mucha otra cree que no lo necesita. La realidad, como casi siempre, está en los matices.
Un seguro de vida riesgo paga un capital (suma asegurada) a los beneficiarios que tú designes si falleces durante el período de cobertura. Algunos también cubren invalidez permanente absoluta. Es un seguro puro de protección: si no mueres, no recuperas las primas pagadas (a diferencia de los seguros de vida-ahorro, que son un producto diferente).
Si tienes hijos menores, un cónyuge sin ingresos propios o familiares a tu cargo, tu fallecimiento dejaría un problema económico real. El seguro de vida reemplaza temporalmente tus ingresos para que tu familia mantenga su nivel de vida mientras se reorganiza. Esta es la razón más sólida para contratar un seguro de vida.
Si falleces con una hipoteca pendiente de 180.000 €, esa deuda recae sobre tus herederos. Un seguro de vida por ese importe garantiza que el piso no se pierde. De hecho, muchos bancos lo exigen como condición (aunque desde 2019 no pueden imponerlo de forma absoluta, sí pueden bonificarte el tipo si lo contratas).
Los empleados por cuenta ajena suelen tener un seguro de vida básico incluido en su convenio colectivo (a menudo equivalente a 1-2 años de salario). Los autónomos no tienen nada. Si tu familia depende de tus ingresos, el vacío de cobertura es total.
Una regla práctica: el capital asegurado debería ser suficiente para cubrir 1) todas tus deudas (hipoteca + préstamos) más 2) entre 3 y 5 años de tus ingresos netos anuales. Ejemplo: hipoteca de 180.000 € + ingresos netos de 30.000 €/año × 4 años = 300.000 € de capital asegurado.
El coste: Un seguro de vida de 300.000 € para una persona de 35 años no fumadora puede costar entre 25 y 50 € al mes dependiendo de la cobertura. A los 45 años, entre 60 y 100 €. El precio sube significativamente con la edad, por eso conviene contratarlo joven si lo necesitas.
El seguro que te vincula el banco con la hipoteca tiene dos problemas: suele ser más caro que el mercado libre y está atado a la hipoteca (si te cambias de banco, pierdes el seguro). Un seguro contratado directamente con una aseguradora o a través de un mediador independiente puede ser entre un 30% y un 60% más barato por el mismo capital asegurado.